La combinación de la sequía, exacerbada por el fenómeno de El Niño, y el conflicto bélico en curso están devastando la agricultura sudanesa. La falta de lluvias y la reducción de los niveles del río Nilo complican el riego de los cultivos, poniendo en riesgo la producción de alimentos. Agricultores sudaneses se enfrentan a la ardua tarea de encontrar agua para sus plantaciones, mientras que muchos recurren a la esperanza de la lluvia. La guerra, además, ha incrementado los costos de producción, dificultando aún más la situación. Esta crisis se suma a una ya preexistente inseguridad alimentaria en el país. La situación actual amenaza con agravar el hambre y la desnutrición en Sudán.