El conflicto en Sudán, considerado la mayor crisis humanitaria a nivel mundial, ha cobrado la vida de al menos mil civiles este año. La mayoría de estas muertes han sido causadas por ataques con drones. El país se ha convertido en un campo de pruebas para tecnología militar no tripulada, incluyendo sistemas fabricados en Turquía y China. La guerra de drones está intensificando el conflicto y agravando la ya precaria situación humanitaria. La falta de acceso a la información dificulta la verificación independiente de las cifras de víctimas. Organizaciones internacionales alertan sobre la necesidad urgente de un alto el fuego y asistencia humanitaria. La escalada del uso de drones plantea serias preocupaciones sobre el futuro del conflicto y la protección de la población civil.
