La reciente crisis en el Estrecho de Ormuz plantea interrogantes sobre la conveniencia de retornar a la situación anterior. El debate no se centra en cuándo se restablecerá la normalidad, sino en si esta es realmente beneficiosa. La dependencia del petróleo implica una vulnerabilidad inherente a las fluctuaciones geopolíticas y a la inestabilidad de los regímenes productores. Mantener esta dependencia significa aceptar estar sujetos a decisiones externas y posibles interrupciones en el suministro. Expertos sugieren que la crisis expone los riesgos de una economía global basada en combustibles fósiles. Se plantea la necesidad de diversificar las fuentes de energía y reducir la exposición a factores externos incontrolables. La situación actual invita a una reflexión profunda sobre la seguridad energética y la autonomía estratégica.