El cierre repentino del Estrecho de Ormuz por parte de las fuerzas iraníes, tras el fracaso del reciente acuerdo entre Estados Unidos e Irán en Ginebra, ha sumido a Irak en una situación de extrema vulnerabilidad. La medida amenaza con interrumpir gravemente las importaciones y exportaciones del país, especialmente de petróleo, vital para su economía. Esta escalada de tensión podría desencadenar un conflicto regional prolongado, con consecuencias devastadoras para Irak, que ya sufre de inestabilidad política y económica. Expertos advierten que un bloqueo prolongado del estrecho podría asfixiar la economía iraquí, generando una crisis humanitaria. La situación actual pone de manifiesto la dependencia de Irak de la estabilidad regional y su exposición a las tensiones geopolíticas entre Irán y Estados Unidos. El gobierno iraquí se enfrenta al desafío de mitigar los efectos de esta crisis y evitar ser arrastrado a un conflicto mayor.