La estricta regulación del subarrendamiento en Estocolmo, Suecia, está complicando el acceso a la vivienda a largo plazo, especialmente para aquellos con menos recursos económicos. A pesar de ser inquilinos ejemplares, los residentes se enfrentan a la posibilidad de tener que mudarse. La normativa limita la flexibilidad y estabilidad en el mercado de alquiler. Esta situación afecta particularmente a los inquilinos de bajos ingresos, quienes encuentran mayores obstáculos para asegurar una vivienda estable. La dificultad para subarrendar, incluso con buenas referencias, genera inseguridad y precarización. Expertos señalan que la regulación, aunque busca proteger a los inquilinos, tiene efectos contraproducentes en la disponibilidad de viviendas asequibles.