Keir Starmer fue elegido para brindar estabilidad al Reino Unido tras años de caos bajo la gestión conservadora. Su perfil se definía más por la diligencia y la seguridad que por un dinamismo disruptivo. Sin embargo, su mandato terminó abruptamente en menos de dos años. El declive estuvo marcado por graves acusaciones de corrupción y cambios drásticos en sus políticas prometidas. Además, surgieron vínculos comprometedores entre su nombramiento para embajador en EE. UU. y Jeffrey Epstein. Cabe destacar que Starmer nunca mantuvo contacto personal con Epstein. Estos factores precipitaron el final de su gestión política.
