Keir Starmer, primer ministro británico, anunció su dimisión tras casi dos años en el cargo. Su trayectoria política fue inusual, llegando al Parlamento a los 52 años después de una exitosa carrera como abogado de derechos humanos y fiscal. A pesar de una contundente victoria electoral en 2024, obteniendo 411 de los 650 escaños, su liderazgo careció de una visión clara y una ideología definida. Starmer se caracterizó por ser un político riguroso con las normas y los procedimientos, un rasgo que inicialmente proyectó como seriedad y estabilidad tras años de caos político. Sin embargo, su falta de carisma y su dificultad para conectar con las bases de su propio partido, el Laborista, contribuyeron a su declive. Su estrategia electoral se centró en diferenciarse de los conservadores, más que en proponer políticas concretas, lo que finalmente resultó en un vacío programático tras la victoria. La ausencia de un proyecto de gobierno sólido selló su destino.
