La visita del rey y la reina de España a las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla ha generado incomodidad en los gobiernos de España y Marruecos. A pesar de la desaprobación implícita, tanto Madrid como Rabat reconocen que el momento del viaje es inevitable. El viaje se produce tras un verano marcado por una crisis migratoria significativa y en medio de una campaña electoral española. La visita real se considera un cálculo político delicado, buscando abordar las tensiones migratorias y el panorama político interno. Se espera que el viaje sirva para reafirmar la soberanía española sobre Ceuta y Melilla. La situación subraya la compleja relación entre España y Marruecos, especialmente en relación con estas ciudades norteafricanas.