La cooperación migratoria entre España y Marruecos, promovida en 2023 como un acuerdo clave para estabilizar las relaciones bilaterales, ha mostrado recientemente sus limitaciones. A pesar del pacto, Ceuta ha experimentado un aumento significativo de llegadas irregulares. Esta crisis pone de manifiesto las deficiencias de un sistema antiguo, que ha sido reforzado gradualmente pero que sigue siendo vulnerable a las decisiones políticas de ambos países. El acuerdo depende intrínsecamente de la voluntad política de Madrid y Rabat para su correcta implementación. La reciente oleada migratoria evidencia que la cooperación, por sí sola, no garantiza el control efectivo de las fronteras. Se cuestiona ahora la eficacia del modelo actual y la necesidad de reevaluar las estrategias de gestión migratoria. El caso de Ceuta sirve como un claro ejemplo de los desafíos persistentes en la política migratoria bilateral.