Expertos españoles alertan sobre una escalada en la frecuencia e intensidad de los grandes incendios forestales, considerándolos ya una "nueva realidad" para el país. Esta situación, exacerbada por las recientes e inéditas olas de calor, exige un cambio fundamental en la forma en que nos relacionamos con el territorio rural. La adaptación a estos incendios, más que la simple extinción, se presenta como la estrategia clave para minimizar los daños. Esto implica una gestión territorial más proactiva, que considere la prevención y la resiliencia ante el fuego. Se destaca la necesidad de priorizar la adaptación del paisaje y de las comunidades a un escenario de mayor riesgo. La combinación de altas temperaturas y la acumulación de materia orgánica seca crean un cóctel inflamable difícil de controlar.

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