España se coronó campeona del mundo al vencer a Argentina 1-0 en la final disputada en Nueva Jersey, pero la victoria fue más que un simple resultado. La selección española no solo superó a los campeones defensores, sino que los dominó por completo, relegando a Argentina, incluso con Lionel Messi en su posible último partido mundialista, a una mera persecución del balón. El equipo de Luis de la Fuente demostró una evolución del fútbol español, priorizando el control con propósito, una presión agresiva y una circulación constante del esférico. A diferencia de Argentina, que se había apoyado en la resiliencia y el brillo individual, España ofreció un juego sin ansiedad ni esterilidad. El mediocampo, liderado por Rodri, Pedri y Fabián Ruiz, fue clave para controlar el ritmo y desestabilizar la defensa argentina, repitiendo la fórmula exitosa que utilizó contra Francia en semifinales. Esta victoria representó un triunfo contundente en la filosofía del fútbol español moderno.