La selección de Estados Unidos derrotó a Australia en un partido disputado en Seattle, clasificándose para la siguiente fase. El encuentro estuvo marcado por un gol en propia puerta que desequilibró el marcador a favor de los anfitriones. Una decisión arbitral controvertida también generó debate e influyó en el desarrollo del juego. En la segunda mitad, Estados Unidos demostró superioridad con un ataque bien ejecutado que selló la victoria. El equipo australiano, dirigido por Tony Popovic, no logró contrarrestar las estrategias estadounidenses. La derrota deja a Australia eliminada de la competición. El partido evidenció errores defensivos y falta de efectividad en el ataque australiano.
