Una intensa disputa interna sacude las primarias demócratas, revelándose la difusión masiva de mensajes de texto difamatorios. Los mensajes, dirigidos a los miembros del partido, califican al candidato Yaya Shafar como un "extremo de izquierda". La estrategia busca dañar la imagen de Shafar y, falsamente, atribuir la autoría de la campaña de desprestigio a su oponente, Ronen Tzur. El objetivo principal es influir en el voto de los militantes presentando a Tzur como responsable de tácticas sucias. Esta maniobra plantea serias dudas sobre la ética de la campaña y podría tener consecuencias en el resultado de las primarias. La situación ha generado una fuerte controversia y acusaciones mutuas entre los equipos de campaña. Se investiga el origen y la financiación de esta operación de desinformación.
