Un análisis reciente destaca cómo la corrupción institucional no siempre se manifiesta a través de grandes escándalos, sino que a menudo se origina en pequeñas prácticas irregulares que se normalizan con el tiempo. El artículo utiliza ejemplos como el “viaticar” – el aprovechamiento de viajes y comidas a expensas de fondos públicos – y otras costumbres similares, como los ñoquis y las empanadas, para ilustrar este fenómeno. Estas acciones, aparentemente menores, contribuyen a una cultura de impunidad y desvío de recursos. Se argumenta que la falta de corrección de estas “deformaciones cotidianas” puede generar problemas institucionales significativos a largo plazo. El texto subraya la importancia de abordar estas prácticas desde la raíz para fortalecer la integridad y la transparencia en las instituciones. La normalización de estas acciones erosiona la confianza pública y dificulta el buen funcionamiento del Estado. En definitiva, se plantea una reflexión sobre la necesidad de una vigilancia constante y una cultura de responsabilidad para prevenir la corrupción en todas sus formas.
