El estado eslovaco ha facilitado y, en algunos casos, directamente apoyado el crecimiento de Jaroslav Haščák y su empresa Penta hasta convertirse en actores dominantes en el sector sanitario, un área crucial y sensible. Esta escalada ha resultado en una posición de poder tan sólida para Haščák y Penta que resulta difícil de contrarrestar. La situación plantea preocupaciones sobre la competencia y la influencia de intereses privados en un sector esencial para el bienestar público. La noticia sugiere una falta de supervisión y regulación efectiva, permitiendo la consolidación de un monopolio de facto. Se cuestiona la ética y la transparencia en las decisiones estatales que han favorecido a este grupo empresarial. El paciente, en este contexto, parece ser el perdedor de esta dinámica.