La República Checa podría alcanzar la media de la Unión Europea en una década, mientras que Eslovaquia enfrenta un camino mucho más largo para lograrlo, posiblemente necesitando 50 años adicionales. Esta disparidad económica, ilustrada con ejemplos como la producción de muebles – específicamente, la dificultad de Eslovaquia para replicar el éxito de Ikea en la República Checa – revela diferencias estructurales significativas entre ambos países. Analistas señalan que la falta de inversión en innovación y la menor productividad en Eslovaquia son factores clave. La República Checa ha logrado una mayor integración en cadenas de valor europeas y atrae más inversión extranjera directa. La situación en Eslovaquia se ve agravada por problemas de gobernanza y un entorno empresarial menos favorable. Esta divergencia plantea desafíos importantes para la convergencia económica en la región.