La ministra de Cultura, Martina Šimkovičová, regresó a Východná un año después de haber sido abucheada por el público. Llegó al recinto del festival en un convoy de once vehículos, acompañada por seguridad. Evitó intencionalmente el anfiteatro lleno de espectadores y se dirigió directamente a la zona VIP, donde permaneció. A pesar de haber anunciado previamente su asistencia y su determinación de no dejarse intimidar por los abucheos, no divulgó su programa. Su visita generó controversia debido a la notable distancia que mantuvo del público. Este incidente reaviva el debate sobre su popularidad y la recepción que recibe en eventos públicos. El artista Rózsa, por su parte, escuchó una versión modificada de su himno.