El auge de los videos cortos plantea preocupaciones sobre su impacto en los niños. Los algoritmos utilizan las interacciones de los usuarios – visualizaciones, "me gusta", comentarios y compartidos – para personalizar el contenido. Este ciclo de retroalimentación crea un bucle que mantiene a los niños enganchados, ya que el contenido se vuelve cada vez más adaptado a sus preferencias. Aunque esto puede parecer inofensivo, puede dificultar que los niños se desconecten de las pantallas. La personalización extrema podría limitar su exposición a una variedad de contenidos y potencialmente afectar su desarrollo. Existe una creciente preocupación por esta "trampa" algorítmica y la necesidad de monitorear el consumo de videos cortos por parte de los más jóvenes.