A pesar de la turbulencia global actual, emergen elementos que podrían estar moderando el riesgo de conflictos a gran escala. La interdependencia económica entre naciones actúa como un freno, desincentivando acciones que puedan perjudicar el comercio y la estabilidad financiera. Paralelamente, la capacidad de realizar ataques asimétricos, aunque destructiva, introduce un elemento de disuasión al igualar fuerzas entre actores con recursos desiguales. La rápida evolución de la inteligencia artificial (IA) también se presenta como un factor estabilizador, aunque sus implicaciones completas aún se están analizando. Estos desarrollos sugieren un nuevo equilibrio, donde el miedo a las consecuencias, más que la fuerza bruta, juega un papel crucial. La combinación de estos factores redefine el panorama de seguridad internacional, creando una dinámica compleja y en constante cambio. Analistas señalan que esta situación no elimina el riesgo, pero sí lo matiza.
