Las estadísticas recientes revelan que el 80% de los delitos sexuales están perpetrados por personas cercanas a las víctimas. Esta preocupante tendencia indica que los agresores suelen ser individuos de confianza, como familiares, maestros, cuidadores u otras figuras de autoridad. La amenaza principal ya no proviene de extraños, sino del entorno más íntimo de las personas vulnerables. Las autoridades instan a una mayor vigilancia y a fomentar la comunicación abierta dentro de las familias y comunidades. Se enfatiza la importancia de educar a niños y jóvenes sobre los límites personales y los derechos. Este hallazgo subraya la necesidad de abordar las dinámicas de poder y abuso dentro de las relaciones de confianza. La prevención y la denuncia son cruciales para proteger a las posibles víctimas.