Músicos serbios que han manifestado su apoyo a las protestas antigubernamentales denuncian la cancelación masiva de sus presentaciones. La falta de contrataciones coincide con un cambio en la distribución de fondos públicos, ahora dirigidos a artistas de pop y música folclórica afines al partido gobernante. Esto sugiere una posible represalia contra aquellos que se oponen al gobierno. Los afectados alegan que se está limitando su capacidad de trabajar debido a sus opiniones políticas. La situación plantea serias preocupaciones sobre la libertad de expresión y la independencia cultural en Serbia. Este giro en la financiación de eventos culturales se percibe como una herramienta para silenciar voces críticas y consolidar el control político sobre el ámbito artístico. La comunidad musical ha expresado su frustración y teme por el futuro del arte independiente en el país.

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