Durante una reciente protesta estudiantil en Novi Sad, medios de comunicación afines al gobierno serbio lanzaron una campaña mediática acusando a los estudiantes de planear acciones para desestabilizar el país. La campaña se centró en la difusión de alegaciones sobre la preparación de “golpes de estado” o incluso asesinatos. Se mencionó específicamente un “cañón de sonido” como evidencia de estas supuestas actividades subversivas. Analistas sugieren que esta narrativa busca desacreditar las protestas estudiantiles y justificar una posible represión. La emisora estatal amplificó estas acusaciones, generando preocupación sobre la libertad de expresión y el derecho a la protesta pacífica. El objetivo de la campaña parece ser deslegitimar el descontento estudiantil y criminalizar la disidencia política.