Tawa Keur Mor Sélé, un pequeño pueblo senegalés, vive una realidad sorprendente: la noche cae dos veces al día. Tras la puesta de sol, el pueblo se sume en una oscuridad total, carente de electricidad y alumbrado público, a pesar de estar a solo dos kilómetros de una carretera iluminada. Esta falta de luz impacta directamente en la vida cotidiana de sus habitantes, deteniendo prácticamente la actividad al caer la noche y dificultando los desplazamientos. Para mantenerse conectados, los residentes han creado un sistema improvisado de intercambio de baterías y teléfonos móviles con pueblos cercanos que sí tienen acceso a la red eléctrica. Esta “logística de la batería” es esencial para la comunicación y supervivencia del pueblo. Papé Saliou Diouf, habitante y vocero del pueblo, describe la oscuridad como un obstáculo constante y un riesgo para quienes se aventuran fuera del pueblo después del atardecer. La situación de Tawa Keur Mor Sélé pone de manifiesto la profunda brecha en el acceso a la energía y el aislamiento de algunas comunidades rurales en Senegal.