El 26 de septiembre de 2002, a las 7 de la mañana, el teléfono despertó a un residente de Senegal con una llamada insistente. Este llamado marcó el inicio de la noticia del trágico naufragio del ferry Joola, un evento que conmocionó a la nación. El Joola zarpó de Casamance, Senegal, con destino a Dakar, la capital del país, transportando a miles de pasajeros. La catástrofe, cuyas causas oficiales aún son objeto de debate, resultó en la pérdida de más de 1800 vidas, convirtiéndose en una de las peores tragedias marítimas de la historia africana. Los recuerdos del día del desastre, como los descritos en este testimonio, permanecen vívidos para muchos senegaleses. La tragedia del Joola impactó profundamente a las familias y comunidades de Senegal, dejando una cicatriz imborrable en la memoria colectiva del país.