Escocia está llevando a cabo una importante restauración de sus antiguas turberas, áreas afectadas por la plantación de árboles comerciales en la década de 1980. Conservacionistas trabajan para eliminar estos árboles, buscando revertir los daños ecológicos causados. El foco principal de este esfuerzo es el "Flow Country", una zona de humedales de gran valor ecológico, considerada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. La restauración busca mejorar los hábitats de la vida silvestre y asegurar que estas turberas continúen almacenando carbono de manera efectiva. Estas turberas, con una historia de 9,000 años, son vitales para la biodiversidad y la regulación climática. El proyecto representa un compromiso con la preservación de este ecosistema único. La iniciativa busca revertir el impacto negativo de las prácticas forestales pasadas y asegurar un futuro sostenible para el Flow Country.