Arabia Saudita busca diversificar su economía, tradicionalmente dependiente del petróleo, invirtiendo en la extracción de minerales críticos. Este cambio estratégico responde al creciente aumento de la demanda global de estos recursos, impulsada por tecnologías como la inteligencia artificial, la energía limpia y los vehículos eléctricos. La apuesta saudí se centra en añadir valor a los minerales, más que en la simple posesión de recursos naturales. El país reconoce la importancia de posicionarse en la cadena de suministro de estos materiales clave para el futuro tecnológico. Esta transición económica busca asegurar un crecimiento sostenible más allá de los hidrocarburos. La estrategia implica una reevaluación de su papel en la economía global, enfocándose en la innovación y el procesamiento de minerales.