Hace ochenta años, San José se parecía a una ciudad europea, con una arquitectura y un ambiente distintivos. Con el tiempo, esa imagen ha desaparecido, dejando tras de sí numerosos locales vacíos y una sensación de pérdida. La demolición gradual de edificios antiguos ha contribuido a la transformación de la capital. Esta desaparición plantea una pregunta fundamental: ¿por qué Costa Rica no ha preservado un centro histórico josefino comparable a otras ciudades de la región? La falta de un casco histórico dificulta la conexión con el pasado y la identidad cultural de la capital. La pérdida de estos edificios representa una oportunidad perdida para el turismo y la revitalización urbana.