A mediados del siglo XVII, Limberakis Gerakaris aterrorizó al Peloponeso no como invasor extranjero, sino como un pirata griego. Gerakaris no se alió ni con el Imperio Otomano ni con Rusia, operando de forma independiente y causando temor entre los habitantes locales. Su accionar representaba una amenaza constante, superando incluso el peligro de ejércitos invasores. La figura de Gerakaris se destaca por su singularidad en un período marcado por conflictos y alianzas complejas. Su historia revela una época de inestabilidad y la presencia de actores no estatales que ejercían un poder significativo. Se le recuerda como un personaje que desafió las lealtades tradicionales y sembró el caos en la región. La naturaleza de sus traiciones y motivaciones aún se investiga.
