La reserva de tanques de Rusia ha sufrido una drástica reducción en los últimos años. Si en 2022 contaba con aproximadamente 6.800 tanques, actualmente dispone de menos de 900. Esta disminución se debe principalmente a las elevadas pérdidas sufridas en combate, que superan con creces la capacidad de producción actual del país. Los tanques restantes son, en su mayoría, modelos antiguos y obsoletos. La situación revela una importante vulnerabilidad en la capacidad militar rusa. Analistas señalan que la escasez de tanques podría afectar las operaciones futuras y la capacidad de mantener una guerra prolongada. El desgaste del material bélico ruso es un factor clave en el conflicto actual.
