Rusia está sufriendo pérdidas significativas en su flota de bombarderos estratégicos Tu-22M3 durante la guerra en Ucrania, con un número reducido de aeronaves operativas. Se estima que Rusia inició el conflicto con 41 bombarderos Tu-22M3, y actualmente podrían quedar solo nueve. La producción de estos bombarderos cesó en 1993 y no se ha desarrollado un programa de reemplazo, lo que convierte a cada pérdida en irrecuperable. Las bajas se deben tanto a combates como a accidentes operativos. Esta situación plantea interrogantes sobre la capacidad a largo plazo de Rusia para mantener su poderío aéreo estratégico. La escasez de reemplazos limita las opciones de Rusia para reponer las aeronaves perdidas y podría afectar sus capacidades ofensivas futuras.