El aumento de los ataques ucranianos en territorio ruso está generando una escasez crítica de misiles antiaéreos en las fuerzas rusas. Se reporta una falta tanto de interceptores para los sistemas S-300 como de misiles para el sistema de defensa aérea Pancir-S1, diseñado para contrarrestar drones. Esta situación obliga a Rusia a emplear misiles de mayor costo para interceptar drones más económicos, lo que representa un derroche de recursos. La capacidad de defensa aérea rusa se ve comprometida por esta carencia. Expertos señalan que la intensidad y frecuencia de los ataques ucranianos están superando la capacidad de reposición de los sistemas de misiles rusos. La escasez podría afectar la protección de infraestructuras clave en el interior de Rusia. Esta situación plantea interrogantes sobre la sostenibilidad de la defensa aérea rusa a largo plazo.