Durante las noches del 2 y 3 de julio, Ucrania fue escenario de intensos ataques rusos. Los ataques se centraron deliberadamente en infraestructuras civiles críticas, incluyendo hospitales y edificios residenciales en diversas regiones del país. Rusia empleó tácticas terroríficas, utilizando bombas aéreas y enjambres de drones en sus agresiones. Estos ataques nocturnos han causado destrucción y sembrado el pánico entre la población civil. Las autoridades ucranianas están documentando estos actos como crímenes de guerra. La situación humanitaria continúa deteriorándose a medida que los ataques persisten y la población sufre las consecuencias directas de la agresión rusa.

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