Durante agosto, Rusia lanzó más de 2,800 drones propulsados a reacción contra Ucrania, una táctica que representa un cambio significativo en la guerra. Estos drones, más difíciles de interceptar, están siendo desplegados casi inmediatamente después de su fabricación, presionando las defensas ucranianas. El aumento en la cantidad y sofisticación de los drones sugiere un intento ruso por alterar el curso del conflicto. Expertos analizan esta nueva estrategia, observando que Rusia busca maximizar su impacto con este tipo de armamento. La rápida movilización de los drones desde la fábrica al frente de batalla indica un esfuerzo de producción en masa y una apuesta por la saturación. Esta situación obliga a Ucrania a adaptarse y fortalecer sus sistemas de defensa aérea.

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