Rusia está experimentando una creciente escasez de gasolina a nivel nacional, provocada por recientes ataques a sus refinerías. Como consecuencia, gobernadores de varias regiones se ven obligados a implementar restricciones en la venta de combustible en las estaciones de servicio. Estas medidas buscan evitar compras impulsivas y el pánico entre la población. La situación ha generado preocupación por el suministro y la estabilidad de los precios del combustible en el país. Las autoridades locales están tomando medidas para gestionar la demanda y asegurar la disponibilidad de gasolina, aunque la magnitud del problema continúa escalando. No se ha especificado la duración de estas restricciones ni el impacto total en la economía rusa. El gobierno central aún no ha emitido una declaración oficial contundente al respecto.