Rusia está consolidando el control de su mercado de combustibles, favoreciendo a las grandes empresas vinculadas al estado debido a limitaciones en la producción nacional. Las estaciones de servicio independientes se ven marginadas en este proceso, enfrentando dificultades para competir. Esta estrategia estatal busca centralizar la distribución y venta de combustible en el país. La incapacidad de aumentar la producción nacional de combustible es el principal impulsor de esta medida. La situación plantea preocupaciones sobre la competencia y el acceso a los servicios para los consumidores. Analistas señalan que esta concentración podría llevar a precios más altos y menor innovación en el sector. Se anticipa que las empresas independientes enfrentarán cierres o deberán integrarse a las compañías estatales.