En Embo, cerca de Durban, Sudáfrica, la hambruna está impulsando a mujeres desempleadas a recolectar y compactar latas de aluminio para venderlas a chatarreros. Nokulunga Nkabinde, como muchas otras, genera alrededor de 300 rands por cada bolsa llena y entre 550 y 800 rands mensuales a través del reciclaje. Estos ingresos son cruciales para adquirir alimentos básicos para sus familias. La falta de oportunidades laborales en las zonas rurales obliga a estas mujeres a recurrir a esta actividad como una fuente de sustento. El reciclaje se ha convertido en una necesidad, no una elección, para mitigar los efectos del hambre. Esta situación pone de manifiesto la vulnerabilidad económica de las mujeres en el campo sudafricano y la urgencia de generar empleos sostenibles. El valor de las latas recicladas, aunque modesto, representa una diferencia vital en la lucha contra la inseguridad alimentaria.

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