El empate 1-1 entre Portugal y la República Democrática del Congo evidenció las dificultades que el individualismo de Cristiano Ronaldo está generando en el equipo luso. Lo que antes era una solución, ahora se percibe como un lastre para el rendimiento colectivo. El astro portugués parece interferir en el juego de sus compañeros, impidiendo la fluidez y la creación de oportunidades. Este comportamiento ha generado preocupación en torno a las posibilidades de Portugal en el Mundial. La prensa deportiva portuguesa debate si el ego del jugador está poniendo en riesgo la clasificación y el éxito del equipo en la competición. La situación plantea un desafío para el entrenador, quien deberá encontrar la manera de integrar a Ronaldo sin que afecte el funcionamiento general del equipo. El partido contra la R.D. del Congo sirvió como advertencia sobre la necesidad de un cambio de dinámica.