Un pueblo de 2.800 habitantes se ha convertido en un destino turístico popular, atrayendo a aproximadamente un millón de visitantes anualmente. La localidad, que recuerda a Venecia, destaca por su prohibición de vehículos motorizados y sus casas tradicionales cubiertas de caña. Este singular enclave ofrece un ambiente tranquilo y pintoresco, evocando paisajes de cuento de hadas. La ausencia de coches contribuye a la atmósfera serena y preserva el encanto histórico del lugar. El destino se ha posicionado como una alternativa atractiva para aquellos que buscan una experiencia turística diferente y auténtica. Su belleza natural y arquitectura tradicional lo convierten en un punto de interés creciente.