Emil Gânj ha sido condenado definitivamente a cadena perpetua por un tribunal rumano. La sentencia, dictada inicialmente por el Tribunal de Mureș, se ha confirmado al no ser apelada dentro del plazo legal. Gânj era considerado uno de los criminales más buscados del país. La condena implica que el estado rumano deberá asumir las indemnizaciones correspondientes a las víctimas. Se desconocen los detalles específicos de los crímenes que llevaron a esta sentencia, aunque se indica que las autoridades enfrentan desafíos relacionados con el caso. La falta de apelación agiliza la ejecución de la pena máxima impuesta al delincuente.