La severa sequía que azota Europa ha provocado que el nivel del río Rin alcance mínimos históricos, complicando el transporte fluvial de mercancías. Esta situación ha llevado al cierre temporal de algunas centrales nucleares, que dependen del río para refrigeración. El impacto económico de la sequía se extiende desde el puerto de Róterdam, un importante centro logístico, hasta las zonas agrícolas de Italia, como los arrozales. Se estima que las pérdidas superan los 50 mil millones de euros, exacerbando los temores de una nueva ola de inflación en los alimentos. La disminución del caudal del Rin amenaza las cadenas de suministro y eleva los costos de transporte. La situación actual subraya la vulnerabilidad de la infraestructura europea ante el cambio climático y sus efectos.