Francia enfrenta una nueva ola de calor, con la mayor parte del territorio bajo alerta naranja. Esta situación no es nueva, y la repetición de las olas de calor está afectando el estado de ánimo de la población. Residentes de localidades como Le Perreux y Nogent-sur-Marne, cerca de París, expresan una creciente preocupación. Lo que antes era sinónimo de despreocupación veraniega, ahora está marcado por la ansiedad ante la persistencia de estos fenómenos climáticos. La continuidad de estas condiciones extremas sugiere un cambio en la percepción del verano y un impacto psicológico cada vez mayor en la ciudadanía. El calor extremo es una realidad cada vez más frecuente.