Un ladrón sustrajo tres plantas únicas del Jardín Botánico de Oslo, evidenciando un conocimiento específico de las especies. Una de las plantas robadas se encuentra en peligro de extinción, mientras que otra es poco conocida por los científicos. Sorprendentemente, la tercera planta aún no ha sido clasificada ni nombrada formalmente por la comunidad científica. Las autoridades investigan el robo, considerando que el objetivo no fue aleatorio sino una búsqueda deliberada de estas plantas particulares. El robo representa una pérdida significativa para la investigación y la conservación de especies vegetales. Se desconoce el motivo del robo, pero expertos temen su posible comercialización ilegal o uso indebido. Este incidente subraya la vulnerabilidad de las colecciones botánicas y la necesidad de reforzar las medidas de seguridad.