El presidente ruso, Vladimir Putin, busca mantener una imagen de control a través de la negación de la realidad, el deseo de revancha y una comunicación cuidadosamente gestionada. Sin embargo, tras más de cuatro años de conflicto en Ucrania, estas tácticas, arraigadas en el pasado soviético, demuestran sus limitaciones. La credibilidad de Putin se encuentra en declive, evidenciando una creciente dificultad para sostener su narrativa. Analistas señalan que su enfoque, basado en una visión del mundo anclada en el pasado, resulta cada vez menos efectivo. La guerra en Ucrania ha expuesto las debilidades de su estrategia y su aislamiento político. La situación actual plantea interrogantes sobre la sostenibilidad de su liderazgo a largo plazo y su capacidad para influir en el escenario internacional.
