Evitar los problemas puede parecer una buena estrategia a corto plazo, aunque no sea una solución duradera. Existe un dicho que sugiere que aquello que no tiene solución no es un problema, pero este enfoque rara vez brinda un alivio real y prolongado. El texto plantea que, en realidad, cada problema tiene una solución, aunque requiera un cambio de perspectiva y la implementación de ejercicios prácticos. La clave reside en dejar de enfocarse en lo que está fuera de nuestro control y concentrarse en lo que sí podemos influenciar. Adoptar esta actitud permite abordar los desafíos de manera más efectiva y construir una mayor resiliencia ante las dificultades. En esencia, el éxito radica en modificar nuestra forma de actuar y añadir herramientas prácticas para el manejo de problemas.