El presidente busca proyectar una imagen de combatiente contra la corrupción, ejemplificado con acciones como la confrontación con Yahir Acuña. Sin embargo, esta actitud distrae de las propias vulnerabilidades y de los aliados con reputación dudosa dentro de su gobierno. Estas alianzas problemáticas permanecen en gran medida fuera del escrutinio público, operando bajo el radar. La estrategia del presidente parece enfocarse en la apariencia, utilizando gestos teatrales para desviar la atención de asuntos más incómodos. Este enfoque plantea dudas sobre la sinceridad de su lucha anticorrupción y revela una posible hipocresía en su administración. La publicación original en *La Silla Vacía* denuncia esta táctica y expone la contradicción entre el discurso y la realidad.