El texto reflexiona sobre una posible transformación de la política, donde la búsqueda del poder y su mantenimiento se convierten en el objetivo principal. Se sugiere que la acción política efectiva ha sido reemplazada por una mera ocupación de cargos y posiciones. Esta situación se caracteriza por la inacción y la falta de progreso real, un "caminar sin avanzar". La estabilidad se prioriza sobre la resolución de problemas o la implementación de cambios significativos, siempre y cuando no se generen conflictos mayores. El autor plantea una crítica implícita a un sistema donde la permanencia en el poder se valora más que el ejercicio responsable de la política. La frase "ir-se andando, sin andar" encapsula esta paradoja de movimiento aparente sin resultados concretos.