Meghan Cliffel experimentó una psicosis posparto hace una década, creyendo que un culto intentaba asesinar a sus hijas. Este episodio se relaciona con el caso de Lindsay Clancy, destacando la importancia de comprender esta condición. Afortunadamente, Cliffel recibió tratamiento y pudo tener un tercer bebé. Su recuperación fue posible gracias a que buscó activamente apoyo y abogó por sus necesidades. La historia subraya que la psicosis posparto es tratable, pero el principal desafío reside en encontrar y acceder a los recursos adecuados. La concienciación y el apoyo son cruciales para las madres que sufren esta enfermedad mental. El caso de Cliffel sirve como un llamado a la acción para mejorar el acceso a la atención de salud mental posparto.