La violencia obstétrica, lejos de cesar con el nacimiento, persiste en hospitales y centros de salud, según testimonios recientes. Las mujeres afectadas denuncian un continuo de maltrato que se extiende más allá del proceso de parto, enfrentando un silencio institucional preocupante. Esta violencia se manifiesta en diversas formas, incluyendo negligencia, falta de información y trato irrespetuoso por parte del personal médico. A pesar de la creciente visibilidad del problema, el sistema de salud aún no ha reconocido completamente la extensión y gravedad del daño infligido. La falta de protocolos claros y la ausencia de mecanismos de denuncia eficaces perpetúan esta situación. Expertos y activistas demandan una mayor sensibilización y capacitación del personal sanitario, así como el establecimiento de medidas legales que protejan los derechos de las mujeres durante el embarazo, parto y postparto. La impunidad en estos casos agrava el trauma y dificulta el acceso a la justicia para las víctimas.