El gobierno portugués ha reaccionado con temor ante las protestas desencadenadas por la publicación de un estudio sobre las pensiones. La reacción ha sido descrita como una huida, evidenciando nerviosismo y falta de valentía. El Primer Ministro Montenegro parece haber abandonado sus ambiciones y se muestra reacio a enfrentar la situación. Este comportamiento sugiere una estrategia de evitar la confrontación y ocultarse ante la presión pública. La situación plantea interrogantes sobre la capacidad del gobierno para abordar temas sensibles y responder a las demandas ciudadanas. La falta de una respuesta firme podría exacerbar aún más el descontento social.