Según las encuestas de intención de voto en Portugal, Chega se posiciona actualmente como el partido más votado. Sin embargo, la estrategia del partido de establecer “líneas rojas” rígidas parece estar teniendo consecuencias inesperadas. Esta táctica, aunque inicialmente exitosa para captar atención y movilizar a sus votantes, ha generado tensiones dentro de la propia coalición en la que participa Chega. Además, esta postura ha servido para fortalecer a la oposición, que se beneficia de las divisiones internas. Observadores políticos sugieren que la inflexibilidad mostrada podría estar limitando la capacidad de Chega para formar alianzas más amplias y alcanzar sus objetivos a largo plazo. El éxito inicial del partido, por lo tanto, podría estar acompañado de un alto costo estratégico. La sostenibilidad de su liderazgo dependerá de su capacidad para moderar su discurso y reconstruir puentes con sus potenciales aliados.